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martes, 6 de noviembre de 2007

Ni homo ni hetero, sino todo lo contrario

Quizá sea el instinto de conservación el que más influye en el desarrollo de la vida.

Las personas, aún en las situaciones más inesperadas y comprometidas siempre responden positivamente defendiendo su existencia., protegiéndola con una capa inaccesible para los agentes externos que intentan horadarla.

Después es el instinto sexual, el que marca al individuo desde la pubertad y lo gobierna en una dirección que toma un camino sin retorno, muchas veces en contra de la apariencia física, no correspondiendo el continente con el contenido. Ustedes me entienden. Hasta hace pocos años, quien iba en dirección equivocada según el juicio de la mayoría, era considerado anormal en su especie. Incluso se hacían juicios temerarios, pensando que el desvío era producto de una vida licenciosa, que de "tanto comer jamón, se producía hastío" y se terminaba por optar a otros manjares considerados como prohibidos. Claro, que todas estas opiniones siempre eran según el color del cristal que se colocaba delante del ojo.

Últimamente la sociedad se plantea todo lo contrario. Quien no es igual, ya no tiene por qué esconderse en los recovecos de los armarios. Salen con mayor o menor gallardía, pero salen. Hay polémica a todos los niveles. Cada uno defiende lo suyo, las leyes se meten en medio y todo cambia en un plis-plas. Manifestaciones, días del orgullo gay, matrimonios entre personas del mismo sexo, adopción de hijos, en fin, un nuevo concepto de familia que aparece y que rompe con todo lo que hasta ahora era tradicional.

Frente a este panorama, hace unos días hemos leído que unos científicos del Instituto de Investigación Northwestern Evanston de Chicago, han reunido a mil personas que tienen la característica común de ser gays y tener hermanos también gays. El motivo es obtener de todos ellos una muestra de sangre o saliva para analizar su ADN y estudiar sus genes con objeto de investigar y buscar por qué hay personas que son atraídas por unas de su mismo sexo y sin embargo otras no lo son. Este estudio empezó a realizarse hace cuatro años y se espera obtener resultados para 2008.

Ya se hacen elucubraciones sobre la existencia de un "gen de la homosexualidad", aunque piensan que lo más probable es la influencia de varios que sean comunes en la formación del individuo. Por otro lado si se demostrara que el gen era el único responsable de la tendencia, podría aparecer una discriminación de este colectivo que empieza a dar señales de vida sin tapujos y volverían las teorías considerando que se trataba en realidad de una enfermedad genética, susceptible de tratamiento. En uno u otro caso, la realidad es lo que apuntamos más arriba. No son mejores ni peores, solo distintos y hay que actuar en este sentido.

En contrapartida, también apareció en la prensa diaria hace un par de semanas, la reunión que han protagonizado en Santander varias parejas homosexuales de distintas comunidades, que a pesar de la equiparación legal que tienen con el modelo tradicional de familia desde que se aprobó en el 2005 la ley de matrimonios homosexuales, consideran que esa igualdad no es real y piensan que se sienten "invisibles" por parte del resto de la sociedad y piden a los partidos políticos que defiendan sus derechos que son tan respetables como los demás.

Sin embargo y a pesar de la ley, otros piensan que es contraproducente para los hijos adoptados en estos casos, desarrollar su infancia sin las distintas figuras de padre y madre, específicos de sexo, ya que matrimonio y familia se basan en hombre y mujer, desde la creación social.

A fin de cuentas será el pueblo soberano quien dictará sentencia y el tiempo con su inexorable devenir el que pondrá las cosas en su sitio.

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